La música y el erotismo en IRC Hispano

Escrito por z1 el 2017-10-12 20:04:02. Actualizado por z1 el 2017-10-12 20:27:09.

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La música es más que sonidos y silencios. La mejor comprobación es poder explorar la relación de la música con el erotismo. En ese entrecruzamiento no quedarán dudas que la música va más allá del fenómeno auditivo. Si la música es mucho más que lo sonoro significante, el erotismo es mucho más que la sexualidad. El erotismo implica la transgresión de un interdicto y de las normas establecidas. Para Bataille, lo que está en juego en el erotismo es siempre una disolución de las formas constituidas. Por eso, el erotismo es transgresor, aspira a la libertad, busca lo nuevo y permite ampliar los límites de la propia subjetividad

La música cumple un rol diferente en las situaciones eróticas según cada cultura. En algunas es fondo de una situación erótica. En otras funciona como inspirador al erotismo de una pareja. También como estimulante en fiestas colectivas. Incluso la música puede aludir a situaciones eróticas. La situación musical puede ser erótica en sí misma en una experiencia colectiva. En la mayoría de los casos podemos inferirlo a partir tanto de investigaciones de antropólogos como de documentos tales como textos, dibujos, láminas, grabados, esculturas y tapices.

En las comunidades de Samoa, en Nueva Guinea, se describen intervenciones musicales en ritos de iniciación sexual. Esto incluye la composición de canciones de amor, la práctica del canto y la danza. Magia, religión, fertilidad, iniciación y erotismo están siempre ligados a expresiones musicales.

En la cultura hindú se prescriben el uso de determinadas músicas para estimular la sensualidad. Por ejemplo, en el Kama-Sutra se aconseja a las mujeres el conocimiento del canto, de la música instrumental, de la danza y la unión de la danza. También en los primeros contactos íntimos se recomienda el baño acompañado de música.

En Grecia y Roma los músicos eran participantes necesarios tanto en los encuentros individuales como en las fiestas en honor a Eros y Baco. La música era parte de estas celebraciones. En la cultura griega el uso de los distintos “modos”, los tipos de escalas musicales utilizadas, llevaba a contemplar cómo cada uno incitaba a diferentes estados de ánimo. Uno de

ellos, el frigio, estimulaba el erotismo y era el utilizado en dichos encuentros. También se prescribían ciertos instrumentos, los de cuerda pulsada, como la lira y la cítara, por su sonoridad más tenue, como mejores acompañantes de dichas situaciones.

Pero la relación de la música y el erotismo encontró otros caminos: las creaciones populares. En la Edad Media, mientras los trovadores le cantaban al amor místico, los goliardos exaltaban en sus cantos la práctica sensual y erótica. Tocaban tanto en aldeas, en plazas como en las cortes. Estos músicos tocaban de memoria melodías que habían aprendido o compuestas por ellos mismos. Los avances de la escritura musical estaban en manos de la Iglesia. Luego del siglo XIV, la música de la Iglesia empieza a incluir instrumentos e incorpora melodías de origen popular. Por otro lado, las técnicas de escritura comienzan a extenderse por fuera de la iglesia.

Muchas creaciones populares más cercanas en el tiempo tienen la marca del erotismo. La música popular comienza a ser llamada “música ligera”, como opuesta a una supuesta “música seria”. Una descalificación del siglo pasado donde se la acusaba por su sencillez y su objetivo de incitar meramente a la sensualidad de los oyentes.

Esta revisión de las distintas formas históricas de relación entre música y erotismo es el mejor ejemplo de cómo es imposible considerar la música como combinaciones de sonidos y silencios. No hay música del erotismo sin cuerpos en situación. Esto deja al descubierto lo ilusorio de este reduccionismo sonoro.

Pero esta idea persistente tiene sus motivos. Los grandes avances que han sido la notación musical primero y la posibilidad de grabación y reproducción después han contribuido para poder multiplicar los mismos sonidos en distintas situaciones. Pero también contribuyeron a la ilusión de reducir lo sonoro de una situación musical, corporal e intersubjetiva, donde lo que nos sucede es mucho más que la escucha de sonidos y silencios.

Estos son distintos senderos por los que de alguna forma se intenta reintegrar los cuerpos sensibles a la experiencia musical, que se vacía y se fetichiza al contemplar solamente su dimensión sonora y auditiva.

Es que la música es siempre situación musical, cuerpos involucrados y atravesados por sonoridades significantes en un contexto determinado. La música es una experiencia corporal intersubjetiva. Ninguna música está por fuera de una experiencia concreta. Es por eso que ninguna sonoridad puede generar erotismo por sí misma por fuera de una situación en sociedad determinada. Y al contrario, el erotismo de cada uno puede o no estar acompañado por cierta música de acuerdo a los procesos de subjetivación.

Para ello es necesario un largo camino. Desde antes del nacimiento estamos inmersos en un baño sonoro. La significación particular de ciertos sonidos convertidos en música dependerá de diferentes experiencias en los caminos de la constitución de nuestra “corposubjetividad”. Esto va desde nuestro contacto que siempre es corporal y sensible, con el Primer otro, y la aparición del tercero que posibilita la construcción del espacio-soporte de la muerte-como-pulsión. Este espacio es afectivo, libidinal, imaginario y simbólico y nos posibilita la construcción de espacios intersubjetivos que permiten la subjetivación.

La música del erotismo tiene nuevos rituales. No está en las sombras de las reproducciones sonoras aisladas y aislantes. Está en la música viva, donde las experiencias de intercambios vitales amplían los límites de nuestra subjetividad. gracias por leer este post, saludos.

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